Tiempo de

Palabra

Una mujer pasa y deja su imagen sobre el vidrio del bar. Esa mujer entra en mí y desaparece en otra mujer para siempre. Abolirá un exilio para entrar a un universo unánime que la abarca completamente, y es otro exilio inconmensurable la poesía.

Un arco tensado entre dos vértices espaciales, entre dos tiempos infinitos, entre la oscuridad y el vacío. Una flecha disparada al centro de mi efusión. El centro, esa mujer caminando a través de 5,000 años de fuego y palabra.




Infancia

Hacer rodar bolitas vidriosas en el cantero de tierra del paraíso de la vereda, trepar árboles bíblicos para robar lo prohibido, ocultos en el yuyal del baldío, fumar pajitas huecas y malolientes. Después innumerables gritos, emociones rojas, locas borracheras, nombres olvidados y caricias en tiernas pieles. Después es un tiempo viajando a una velocidad emocional incalculable.

Hoy quedan pocas cosas sagradas, tal vez éste precario recuerdo sea una de ellas.




Melancolía

Mirar detenidamente el ciprés que crece en el vidrio de la ventana, ver la leve mutación del verde de sus hojas, adivinar el cambio de las estaciones por el color de los rostros que pasan, oír el silencio de mi cuerpo cuando se detiene un instante el corazón preparándose para un nuevo impulso. Y sentir los ocres tardíos, cada vez más intensos de los dulces senos del atardecer.




Amor

Una roja flor que parece una rosa y no lo es. Planta diversa cubierta de espinas, de infinitos aromas y desconocidas formas. Nace en catedrales incendiadas y lechos empapados de líquidos cuerpos. Desconocida esencia que cuando sangra o sueña, su elixir invisible a la ciencia y a las matemáticas es delirio y transparencia.




Tristeza

El cuerpo se diluye, los ojos se vuelven líquidos y la mirada queda encerrada en ese punto del espacio donde un conejo blanco, moribundo, abre la boca buscando el último aire.

El alma pega un salto inesperado y recorre esferas desoladas buscando su tibieza, su ardiente ausencia en el lecho impúdico, el aroma a café de las mañanas y mis ojos diluidos en su último beso.




Ira

Todo está en equilibrio inestable. El sol brilla o el cielo se nubla y la lluvia moja lo sólido. Estático, esperando una vibración con el alma agazapada acechante. El leve vuelo de una mosca, su sucio vuelo, provoca una perturbación, una incesante violencia en mi sangre. Y con las armas del furor, destruyo las paredes y las apariencias, vuelo los techos del caserío, quemo los árboles, incendio la ciudad y desvío el curso de los ríos.

Congelo el movimiento del mundo durante un instante. La eternidad necesaria para que mi espíritu se recomponga y todo siga su curso normal.




Perversión

Nunca hice estragos en la luna, jamás me embarqué en un viaje a la maldad. Una ventosa tarde sureña solté el hilo de un barrilete y pinché un globo ajeno.

Me obligaron a bajar al infierno, me desnudaron y golpearon, torturas al alma y risas perversas escupían sobre mí. Todo fue en vano. Dibujé un sol en la pared y su cuerpo en el piso de cemento, y en esa celda oscura dormí abrazado a su tibieza.




Ceguera

Era primavera y la madreselva del patio comenzó a desprender sus hojas sin explicación alguna. Ella, fue apagando sus ojos mirando esa planta hasta quedar irremediablemente ciega.

El hacha en mi mano cortó los rosales y las magnolias, volteó el ciprés y derribó los álamos hasta destruir completamente el jardín. Frente a la madreselva dejé caer el hacha, y quedé impávido ante el mundo y su interminable ceguera.




Dolor

Una luz cegadora, palillos debajo de las uñas, la cabeza hundida en un tacho con agua, otra luz eléctrica quemando la piel. Levedades comparadas con el dolor de la traición.




Pasión amorosa

Un verde gusano se encierra en su crisálida y antes de la lluvia renace en roja mariposa. Aletea en el aire, el entorno se diluye en tenue bruma, entra en el cuerpo y provoca oleadas, huracanes de sangre caliente que derriban las estéticas del mundo, incendia los muros del prejuicio y abrasa los cuerpos de los amantes.




Abandono

Una mujer entra y deja un tulipán sobre la mesa del bar. Escribo en una servilleta palabras desconocidas para el mundo que delinean el contorno de su cuerpo y se humedecen en mis ojos. Palabras transpiradas en la danza carnal de su hondura, arrancadas a la concavidad del arrebato.

Escribo esas palabras entre el tulipán de su adiós y el tenue aroma de su ausencia.




Muerte

Un grito de pájaro desde los confines de la eternidad, su vuelo atravesando espacios esféricos, incendiándose hasta helarse en su arribo.

Junto las manos para recibirlo, su cuerpo cristalizado se disgrega al posarse en mí, y su roto pico articula la exaltación sagrada de su último canto de vida.




Elección

Yo elegí el mundo para vivir, el vino para beber, la lluvia para soñar, y ésa mujer que atraviesa los muros y enciende el sol cada noche, para gozar sin contemplaciones del oscuro mundo que me atraviesa, y saciarme de vinos empapado de impúdicas lluvias.




La luz

Luces de la ciudad iluminan carteles, edificios imposibles, calles desteñidas y amores perros. Resplandecen en mujeres inundadas de líquidos hombres, en ojos salvajes de gato y en la sangre tibia del asfalto callejero.

Alumbran seres pequeños, celdas enmohecidas, y su cuerpo de pájaro distendido sobre esta cama empapada del sudor de mis ansias.




Agua

Gotas en el desierto. Sus labios dentro de mi boca, su risa líquida reteniéndome en los umbrales. La lluvia que empapa sus piernas sedientas, y mi sexo enhiesto derribando las estéticas del amor.

El río translúcido que me lleva, irremediable al agua profunda en espléndido canto de muerte.




Desamor

La lluvia canta sobre ella un aria desconsolada, y su cuerpo de fuego se empapa de agua azul apagándose con morosidad.

Ella se va decolorando rodeada de un viento furibundo que va alejando mi corazón de la tristeza de sus manos.




Confusión

Recorro lugares andados por innumerables pies, me detengo en carteles insulsos, pregunto por lugares a los que nunca iré, y vuelvo como un lejano transeúnte a la vieja casa derruida por las mentiras.




Ego

En medio de la noche despierto sin saber porqué, miro a través de la ventana el cuerpo blanco de la luna y mis ojos viajan en la oscuridad a aquellos sitios donde presiento haber estado, donde soy un poeta aplaudido por la gente y admirado por los reyes.




Imagen

La luna se diluye en el río, reaparece entre las sombras, se hace pez plateado, salta sobre las piedras.

En un momento inesperado, se mete en mi boca y recorre mi cuerpo zigzagueando, persiguiendo a un niño oculto. Reaparece en el ojo izquierdo y se queda allí, entre la retina y las fantasías.




Utopía poética

Apoyado en mi mano infructuosa, sobre la hoja desértica, releo lo no escrito por otras manos. Me detengo en ese punto, donde el tiempo ocultó las voces de la tribu, buscando lo no dicho, el vacío escritural que diga aquello que el mundo aún desconoce y los hombres no han desquiciado.

2 comentarios:

LUCERO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
LUCERO dijo...

Ayy!! que lindo escribes, puedo leerte una y mil veces y en cada lectura sentir cosas diferentes que se marcan a fuego..
Me fascino melancolia, perversion, eleccion,agua, ego...
Es un placer ya casi un vicio, leerte y entregarse a sentir.

Besotes!!!