El revelador silencio...

¿Ha notado que un tema está virtualmente ausente en el discurso y materiales de campaña de López Obrador? Su récord como jefe de Gobierno. Curioso, pues debería ser su gran ventaja sobre todos los aspirantes a la Presidencia de México: AMLO es el único con experiencia en un puesto ejecutivo. Por cinco años gobernó nada menos que la ciudad más importante del país, en la cual reside una quinta parte de los mexicanos.

Su récord es el gran ausente en el discurso de AMLO por una poderosa razón. Un político puede prometer cualquier cosa, inventar imagen y promoverla. Pero una vez que ha establecido un récord de gobierno, éste constituye la mejor manera de medir no sólo la sinceridad de sus promesas, sino su capacidad para convertirlas en algo más que palabras, sinceros deseos o infructuosos intentos.

Visto en el contexto de su actuación en el GDF, ¿con qué cara podría prometer: "garantizaremos la tranquilidad y seguridad pública" (compromiso 34 de su campaña), "Combatiremos a fondo la corrupción, la impunidad y el tráfico de influencias" (compromiso 39), "Acataremos las resoluciones del Poder Judicial" (compromiso 48)?

Es por ello que sus temas de campaña tienen otro enfoque:
  1. Juega con lo que fue su tema constante como jefe de Gobierno: la esperanza. Ofrece al país lo que le vendió a la ciudad de México y nunca se materializó, excepto como lema de fondo en sus conferencias de prensa mañaneras: "La ciudad de la esperanza".
  2. Su uso de frases vagas como "la alegría está por llegar", "nuevo modelo económico", "un proyecto alternativo de país", no es casual. Responde a la misma estrategia de promoción de imagen –a través de la saturación mediática-, que utilizó como jefe de Gobierno de la ciudad sede de los medios de comunicación nacionales durante cinco años. En la misma forma en que se promocionan los productos de consumo, busca crear asociaciones positivas utilizando términos escogidos, coreografiando sus actuaciones, escogiendo cuidadosamente el vestuario, los colores de fondo.
  3. Su denuncia de complots para desacreditarlo, acciones judiciales para desaforarlo, treguas para silenciarlo, cambios constitucionales para maniatarlo, tiene una doble intención. Primero, establecer la percepción de que la Presidencia le pertenece, planteando sólo la disyuntiva de si se respetará o no el incuestionable deseo popular. Segundo, al mejor estilo de Karl Rove y George Bush, crear una falsa dicotomía, promoviendo la percepción de que el país sólo tiene dos alternativas: la suya y la de los perversos, aliados todos bajo el mando del "eje del mal" de Salinas, Fox y El Jefe Diego.

López prefiere postularse como "rayo de esperanza" dedicado al "rescate del país" que tener que explicar por qué la alegría no ha llegado al DF, por qué nunca estableció un "proyecto de ciudad" y el modelo económico neoliberal domina sus actividades productivas. Si responsabiliza al gobierno federal, ¿como presidente podría sobreponer la resistencia del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial de Comercio? Porque demuestra que no quiso o no pudo, su récord seguirá siendo el tema innombrable de López Obrador.

Por Jorge R. Mancillas
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